Un fragmento de meteorito antártico llega al laboratorio de un virólogo de Heidelberg. Dentro del hielo, atrapada desde hace cuatro mil millones de años, hay una cápside vírica que no debería existir. Y su ADN coincide con la parte del genoma humano que la ciencia llamó basura durante décadas.
Daniel Ahren tarda dos días en comprender lo que tiene delante. Después, el silencio deja de ser una opción. Y contarlo, también.
Porque lo que hay dentro de esa piedra no llegó por azar. Alguien lo envió.
«La galaxia hereda lo que sembramos en ella.
Que algún día herede algo distinto del silencio.»
— Heimvar Sköll